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Los discursos sobre asilo y personas refugiadas que predominan hoy en la esfera pública de la Unión Europea no son mínimamente sostenibles entre sí. Por un lado, se pretende dar solución a un fenómeno humanitario de gran envergadura con herramientas jurídicas, políticas y fácticas inadecuadas para la complejidad del asunto. Por el otro, el discurso oficialista de la Unión y de países dominantes como Alemania pretenden crear un escenario de cumplimiento con la normativa internacional sobre Derecho de asilo y refugiados que contrasta negativamente con lo que sucede en la práctica. El fracaso de una política común de asilo, así como el incumplimiento craso de Estados sobre normativa internacional de derechos humanos básicos, crean un pandemonio para una crisis humanitaria que ahora es que está alertando a Europa, aún cuando era totalmente previsible lo que sucede hoy en sus fronteras tanto terrestres como marítimas. Contradicción de discursos; mezquindad en la práctica. Denunciable, y a la misma vez una oportunidad para crear políticas internacionales que no dependan de la “buena fe” de los Estados soberanos, sino que éstos queden atados al cumplimiento jurídico mínimo de derechos humanos básicos como los que hoy se violan a cada minuto con las políticas migratorias de Estados que suelen autodenominarse como cunas de civilización.

tom-puzzelAquí mi más reciente contribución a la revista digital 80 grados sobre el tópico de personas refugiadas, Derecho de asilo y migrantes económicos.

“Lo que ocurre hoy en Europa, aunque no solo en Europa se dan crisis de personas refugiadas ni de migrantes económicos en masa, como bien sabemos desde el continente americano, es inaceptable no meramente porque hay Estados soberanos que incumplen a perpetuidad con normativa tanto interna, supranacional como internacional. Es inaceptable por los argumentos ético-políticos que dirigentes nacionales y comunitarios esgrimen a bocajarro con el fin de justificar el cierre de fronteras y, así, el incumplir insensiblemente con las normativas de derechos humanos a la que se obligaron. Es inaceptable porque parten de reclamos excluyentes, en algunos casos abiertamente xenófobos, que descalifican cualquier tipo de seguridad jurídica en nuestra esfera de Derecho internacional público. Es inaceptable porque provocan que miles de personas repitan cíclicamente una tortuosa y cruenta travesía mientras luchaban por salir de las garras de la opresión, de la violencia extrema y de la miseria. Gobiernos europeos que se sienten apáticos ante el reconocimiento de su responsabilidad en los factores que generaron estas catástrofes, y cuya memoria histórica parece desvanecerse en las balas de goma, en las púas de las serpentinas, así como en los empujones y desprecio físico del día a día. Es inmoral, ilegítimo, ilegal y, sobre todo, extremadamente perverso. Al menos gran parte de la sociedad civil ha reaccionado, y mediante una autogestión realmente loable, han obligado a que los aletargados gobiernos comiencen a hacer algo”.

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