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servidumbre-politicaPor su vigencia en intentar comprender nuestra precaria autonomía colectiva, si es que se le puede llamar tal en estos momentos, dejo por aquí este ensayo para 80 grados, publicado el 15 de abril de 2016.

“La concepción de soberanía de Schmitt no es pertinente por su idoneidad como propuesta política para una democracia (quien escribe se encuentra en las antípodas de la concepción jurídico-política de Schmitt), sino por su actualidad y utilidad ante lo que ocurre a nivel tanto estatal como internacional con nuestros Estados. El Estado de derecho debería hacerle frente a estos poderes con la legitimación de una ciudadanía informada, no de lacayo o marioneta a jornal. La subyugación material que ejercen estos poderes soberanos, sin embargo, estrangulan estas posibilidades contrahegemónicas de una manera realmente espeluznante. No obstante, está en los sectores políticos de un país idear estrategias y tácticas políticas contrahegemónicas que combatan el estado de excepción que desde hace décadas viene ganando terreno dentro de nuestros ordenamientos jurídicos. Las constituciones liberales y proteccionistas no se han podido defender políticamente ante las decisiones de aquellos soberanos que las suspenden para salvaguardar un sistema legal (especialmente el ámbito civil patrimonial privado) que perpetúa la desigualdad económica y la inequidad social. La despolitización de las constituciones, más aún, es la catapulta de su sentido y utilidad como herramienta política. De nada valen preceptos constitucionales progresistas si son suspendidos para salvaguardar las decisiones e intereses de soberanos que no emergieron de la voluntad popular mayoritaria. De poco vale una constitución estatal cuando los poderes soberanos no residen en quienes quedan facultados por esta para ejercer la gobernación de un Estado.

En fin, identificar los poderes soberanos es un paso imprescindible para ubicarnos en la realidad política actual. Reflexionar sobre la vulnerabilidad de nuestro Estado es otra medida imperativa para conocer sobre nuestras debilidades y fortalezas políticas. Concebir nuevas alternativas de organización y de política, de resistencia y de contrahegemonía, debe ser una reflexión inmediata para enfrentar una materialidad que nos desborda como colectivo. Ante la imposición de soberanos que no fueron elegidos por el colectivo, que se esconden tras las fachadas estatales que les sirven de marionetas, si dentro de la legalidad no hay alternativas para salvaguardar las prioridades de subsistencia de servicios públicos, lo que corresponde es desobedecer y enfrentar las consecuencias de ello. El Estado no debe ser equiparado a un sistema jurídico, sino una institución política que canalice la voluntad ciudadana que le sirve de sentido en una democracia. Las decisiones que tome deben obedecer exclusivamente a esa ciudadanía, no a intereses exógenos a dicha voluntad mayoritaria ciudadana. ¿Acaso lo contrario no sería una dictadura?”

Imagen de Bruno Pontiroli.

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